jueves, 2 de agosto de 2012

El Plan de Dios para el sosten de la Iglesia - Lección 18


Lo que la Biblia enseña acerca 
del Plan de Dios para el sostén de la Iglesia 
 18va Lección.

TODO PERTENECE A DIOS

1.- ¿A quién pertenece el universo? ............................................................Salmo 24:1
 
“De Jehová es la tierra y su plenitud, el mundo y los que lo habitan.”
 
2.- ¿Qué enormes riquezas posee Dios? ...................................................Hageo 2:8
 
“Mía es la plata y mío es el oro, dice Jehová de los Ejércitos.”

3.- ¿Gracias a quién obtenemos nuestros bienes? ...................................Deuteronomio. 8:17-18

“No sea que digas en tu corazón: 'Mi fuerza y el poder de mi mano me han traído esta prosperidad.' Al contrario, acuérdate de Jehová tu Dios. El es el que te da poder para hacer riquezas, con el fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día.”

LA PARTE DE DIOS

4.- ¿Qué proporción de nuestros ingresos pertenece a Dios? ................Lev.27:30-32
 
“Todos los diezmos de la tierra, tanto de la semilla de la tierra como del fruto de los árboles, pertenecen a Jehová. Es cosa sagrada a Jehová. Todo diezmo del ganado vacuno o del rebaño, de todo lo que pase bajo el cayado, el décimo será consagrado a Jehová.”

5.- ¿De qué cosas tenemos que dar el Diezmo? ......................................Génesis 28:20-22
 
“Jacob también hizo un voto diciendo: -Si Dios está conmigo y me guarda en este viaje que realizo, si me da pan para comer y vestido para vestir, y yo vuelvo en paz a la casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Esta piedra que he puesto como memorial será una casa de Dios, y de todo lo que me des, sin falta apartaré el diezmo para ti.”

6,- ¿Para qué se emplea el Diezmo?..........................................................1 Corintios 9:13-14
 
“¿No sabéis que los que trabajan en el santuario comen de las cosas del santuario; es decir, los que sirven al altar participan del altar? Así también ordenó el Señor a los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio.”

7- ¿Qué maravillosa bendición promete Dios? ..........................................Malaquías 3:10
 
“Traed todo el diezmo al tesoro, y haya alimento en mi casa. Probadme en esto, ha dicho Jehová de los Ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y vaciaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.”

¿QUE DEBO HACER?

1- Ser un fiel administrador de los bienes de Dios.                                     Mateo 25:14-30
2- Ser socio de Dios.                                                                                      Génesis 28:10-22
3.- Dar con alegría.                                                                                          2 Corintios 9:6-7

Mi Resolución: Quiero ser socio de Dios. Prometo dar con alegría lo que pertenece a Dios.


ESTUDIO ADICIONAL

• Dios es dueño de todo.

Es dueño del cielo y la tierra (Deut 10:14). Le pertenecen los animales (Salmo 50:10-12). Es suya toda la riqueza (Hageo 2:8). Le pertenecen nuestro cuerpo y nuestra vida (1 Cor. 6:20).

Somos mayordomos de Dios.

El Señor quiere que actuemos como sus mayordomos (Mateo 25:14; Salmo 8:4-8). Nos da la fuerza para acumular riquezas (Deut. 8:18; Prov.10:22). Pero nos insta a no tener amor al dinero (1 Tim. 6:10). Debemos ser mayordomos fieles (1 Cor. 4:1,2). Hay que dar conforme a las bendiciones que Dios nos haya concedido (Deut.16:17). Donde esté nuestro tesoro estará nuestro corazón (Lucas 12:33,34).

COLABORADORES CON DIOS

El Hacedor es también el gran Proveedor. Nos da !a vida, e¡ sustento y el conocimiento de la verdad. Como demostración de su amor, nos hace sus colaboradores. Lo que Dios nos pide no es porque lo necesite, sino para que recordemos nuestra dependencia de él y para establecer una sociedad beneficiosa para nosotros.

EL DIEZMO

El diezmo es la décima parte de las ganancias, y pertenece a Dios (Lev. 27:30, 1 Crónicas 29:12,14). Abrahán daba su diezmo a Dios (Génesis 14:20; Hebreos 7:1-7). También Jacob lo daba (Gen 28:22). Era práctica habitual del pueblo hebreo (2 Crónicas 31:5,6; Nehemías 10:37,38). Nuestra Señor Jesucristo aprobó dicha práctica (Mateo 23:23).

«El sistema especial del diezmo se fundaba en un principio que están duradero como la ley de Dios. Este sistema del diezmo era una bendición para los judíos; de lo contrario, Dios no se lo hubiera dado. Así también será una bendición para los que Lo practiquen hasta el fin del tiempo» (Elena G. de White, Joyas de los testimonios, t.1, pág. 385).

USO SAGRADO DEL DIEZMO

El diezmo siempre fue usado para el sostenimiento del culto y sus ministros (Números 18:21).

Es muy clara la enseñanza bíblica de que los ministros deben ser sostenidos económicamente para poder dedicarse exclusivamente al ejercicio de su ministerio (1 Corintios 9:13,14; Lucas 10:7). La Iglesia Adventista usa el diezmo que sus miembros dan generosamente para predicar el Evangelio y sostener a los ministros. De esa manera, cada centavo es empleado directamente en la obra de Dios. Se forma así una cadena de salvación; Ud. conoció la verdad porque otros fueron fieles en dar su diezmo, ahora Ud. colabora para que otros tengan el mismo bendito privilegio.

OTRAS OFRENDAS

El diezmo es lo que devolvemos a Dios porque le pertenece. Nuestra dadivosidad se mide por las ofrendas. Las ofrendas que damos en el culto denominado Escuela Sabática, se destinan a la extensión del Evangelio en las misiones extranjeras. Las ofrendas que damos en el culto divino son para los gastos de nuestra propia iglesia. A veces damos ofrendas para proyectos especiales. La Santa Biblia nos recomienda ser generosos al dar nuestra ofrendas (1 Crónicas 16:29; Salmo 96:8; Marcos 12:41-44).

MARAVILLOSA PROMESA DE DIOS

En el sistema de los diezmos y ofrendas, en realidad Dios nos propone una sociedad. El, que es el dueño de toda la riqueza, nos invita a participar de las inmensas bendiciones que es capaz de derramar. Es por eso que nos pide que demos con abundancia y alegría (2 Cor. 9:6,7).

El promete cuidarnos en todo momento (Heb. 13:5,6). Nos asegura que podemos probarlo en sus promesa de concedernos bendiciones hasta que sobreabunden (Malaquías 3:10,11; Proverbios 11:24,25).

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